miércoles, 12 de diciembre de 2012

La rosa.

 Nace fuerte, bella, la cosa más bonita. Su color rojo intenso embelesa con solo mirarlo. Quieres cogerla, pero las espinas son demasiado gruesas, así que te sienta a mirarla  La contemplas todos los días viendo lo bella que es, lo erguida que crece, lo fuerte que parece. Un día la te fijas en que su belleza se ha apagado un poco. Te alarmas. Empiezas a cuidarla con esmero, pero por más que la que cuidas la rosa sigue marchitándose  sin que tu puedas hacer nada. Cuando te das cuenta de que ya no puedes hacer nada por ella te sientas y la contemplas, disfrutando de los últimos momentos que la quedan de vida, de belleza. Los pétalos empiezan a caer día a día hasta que se queda desnuda. La contemplas mientras piensas como tanta belleza se ha podido quedar en eso, un basto esqueleto vegetal.
 La rosa se muere, al igual que el amor.

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